Dibujé sobre las arenas de cualquier lugar
Irvyn Roho
2023
Curaduría: Caroline Montenant
Devenimos-con de manera recíproca o no devenimos en absoluto. Donna J. Haraway. Seguir con el problema. En un video de 2020 que documenta un performance (1), el artista sale a la calle durante la pandemia del covid19, en plena paranoia apocalíptica, con el sonido de fondo de unas ambulancias, proclamando a quien lo puede escuchar: ¡Todavía sé dibujar !. En la acción, carga en el tórax una pancarta que dice esta misma frase por delante y por atrás lo que imaginamos su traducción, en el alfabeto universal de su pieza future speakings. Ofrece sus servicios como afirma saber algo -saber dibujar en particular- quizás porque asume la posibilidad de que algún día la Inteligencia Artificial nos rebase, sobre todo por cuestiones de capacidad de aprendizaje y que dibujar ya es un “entretenimiento arcaico”. Durante este mismo periodo, Roho edita y imprime bajo el título de “Historias de la siguiente diariedad” (3), unos relatos sobre los nuevos paradigmas del transhumanismo o posthumanismo (2) que lleva un par de años escribiendo. En esta publicación, los relatos son notas de información sobre las consecuencias de vivir la post-humanidad y sus repercusiones en la vida diaria. En realidad, nos entrega una lista de los nudos biotecnológicos del asunto: ante el riesgo del borrado virtual de datos el horror vacui; la reciente necesidad del test ADN para entrar a su casa inteligente; una ley de descomputación en vigor; la aplicación de algoritmos para mejorar los usos no óptimos de las extremidades corporales; los riesgos de la energía perpetua en los programas para bajar de peso; el primer representante post-humano era un programador excepcional; ahora que somos baterías que hablan; las drogas de aumento de aptitudes tienden al idealismo agresivo, etc. Entre ironía y verdadera desesperación, poesía y ciencia ficción, el artista contextualiza ahí los escenarios y los ejes de sus obras posteriores; algunas hacen parte de esta exposición. Los retos sociales, bioéticos y antropomorfológicos se encuentran literalmente materializados en dispositivos visuales; dispositivos que buscan ser los vestigios de una humanidad que ya sucumbió a las amenazas -mucho tiempo invisibles- de la Inteligencia Artificial y de lo transhumante. Es exactamente en el cruce de estos dos destinos, hacer la tecnología “humana" y “robotizar” los humanos, que Irvyn Roho modela y traduce los nuevos paradigmas con material, color, forma, y sistema. En este contexto de competencia extrema de las apariencias y de las capacidades, en donde las mismas capacidades y apariencias justamente engañan, el artista busca las tramas, las fallas y los lugares en donde se puede determinar la residencia de lo humano y todavía atestigua su presencia. Flotando en un espacio-tiempo desconocido, siendo dibujado o esculpidos, lo que se asemejan a unos asteroides ahora nos contemplan. Basicamente hechos de rocas o troncos, estos asteroides van a la deriva en silencio, estáticos e infértiles, como unos cuerpos celestes. Curiosamente, se hacen el soporte de una unión forzosa entre materiales, signos y objetos heteróclitos e incompatibles entre ellos, lo cual implica la perforación, el amalgama o el collage. Son el resultado de una asociación misteriosa de rocas y troncos con cobre, latón, plástico, con objetos y construcciones, con formas geométricas y signos que conformen una escritura desconocida, por medio de papel, madera, yeso, tinta de oro, lápiz de plata, tintes y demás. La geografía como tal desapareció, simplemente dejó de existir, pero todavía son lugares, y posiblemente existirán todavía para alguien. Esos lugares existirían en la memoria ¿de quien? ¿de dónde? ¿de cuando?. Algún sistema de trasfondo permite afirmar lo siguiente: “te recuerdo en los lugares a los que nunca fuimos juntos”. Más que la Inteligencia Artificial, nos impactará la Memoria Artificial. Una prótesis que entorpece el gesto, una sintaxis un poco loca, la invención continúa de un nuevo alfabeto hecho de todos los existentes; la fe, la magia, el mal de ojo, el soliloquio, la inconformidad, el azar y… la necesidad. Para Irvyn Roho, estos son los verdaderos lugares de lo humano y las fuentes de una increíble fuerza energética. Habitar lo humano es tener la conciencia de ser una soledad que puede o no conectarse al otro, esa una inmensidad plural, y habitar un campo magnético en el cual los elementos se atraen y se rechazan continuamente, al igual que la luna y la tierra y los astros del sistema solar entre ellos. Hay algo lunático en las obras que conforman esta muestra. Primero por sus paisajes, la aridez y las rocas de los asteroïdes, el vacío de trasfondo, y porque la luna es una fuente de alegorías sobre la relación que tenemos con nosotros mismo, en particular las emociones, los ciclos, la melancolía. En este sentido, veo cada obra como un individuo que se volvió lunático, un poco loco, y produce unos amalgamas extraños. Los alunados o alienados se caracterizan por haber estado expuesto a la luz y la energía desbordante de una luna llena en particular y tienen una reacción sensible más o menos intensa, como cambios bruscos de carácter o de humor sin explicación. Específicamente el lunático puede crear una disruptiva momentánea de sentido, como un “reset” que permite una renovación radical. La utopía post-humanista utiliza la ciencia en nombre del individualismo para promover la libertad individual, con una lógica de hegemonía de la tecnología. A la hora de seguir este peligroso destino, Irvyn Roho nos invita a un tipo de resistencia poetica y política, al usar la irracionalidad momentánea por su capacidad disruptiva ante el desarrollo de una sociedad en vía de una implacable mejoría estereotípada y comprometido con una tecnología ignorante del propio campo magnetismo humano. “El futuro lo es todo. […] Todo ocurrirá eventualmente, solo tenemos que estar en el lugar y tiempo correcto para verlo.” (4) Caroline Montenat Junio 2023













